¿Y si fuera cierto?

18 enero 2010 at 22:05 (incredulidades)

Hoy me ha llegado al mail este correo electrónico que adjunto. Aparte del dudoso castellano en el que está escrito, la historia merecería ser verdad… de lo irreal que parece. Quizás nos estemos volviendo demasiado escépticos, y yo me pregunto ¿y si fuera cierto?

De M. N.

El más estimado,

Es para mí un placer ponernos en contacto con usted para una empresa que tengo la intención de establecer en su país, aunque no me he reunido con usted antes, pero creo que uno tiene al riesgo, confiar en alguien para tener éxito a veces en la vida.

Hay esta enorme cantidad de dinero Trece millones quinientos mil Dólares de los Estados Unidos). USD ($ 13.500,000,00) que he heredado de mi difunto padre, en un banco local aquí en Cote’d ivoire antes de que él fue asesinado por personas desconocidas.

Ahora me decidí a invertir este dinero en su país o en cualquier lugar suficientemente seguro fuera de África con fines de seguridad. Quiero que me ayudan a la transferencia de este fondo en su país con fines de inversión.Si puede ser de una ayuda a mi se complace en ofrecerle el 20% del total de fondos..

Gracias y que Dios los bendiga.

Con amor,
Srta. M. N.

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Roma (y 2)

16 enero 2010 at 12:16 (ciudades)

A pesar de los cientos de sitios interesantes de Roma, a principios del siglo XX se creó uno más, y ya que no podían competir en belleza, lo hicieron mediante el tamaño. Así nació el llamado Altar a la Patria, que recomendamos vislumbrar desde cierta distancia, porque desde cerca no podrá ser captado en su totalidad e intentarlo puede provocar tortícolis.

Muy cercano a este lugar está otro de los lugares básicos de toda visita a Roma: la Fontana di Trevi. Se trata de un jacuzzi gigante, inmortalizado en La Dolce Vitta, que invita a darse un chapuzón en él. El problema es que nunca estaremos a solas (a todas horas hay miles de actores haciendo de visitantes, pagados por el gobierno) y será imposible imitar a Marcello y Anita. Por ello tendremos que conformarnos con el ritual de turno, que consiste en coger una moneda, arrojar a la fuente a quien nos acompañe y seguir nuestra caminata con la moneda.

Podemos acabar nuestro paseo por las atracciones básicas de la ciudad con la Plaza de España. Es éste un lugar sin ningún atractivo, pero junto a la que hay una gran escalinata que tiene la peculiaridad de que no puede ser ni subida ni bajada, ya que sólo funciona como grada para que los turistas descansen y contemplen el espectáculo del bullicio romano.

Aún a tiro de piedra de todos estos monumentos tenemos otros lugares que el turista no debe de perderse por nada del mundo. Al sur del Altar de la Patria está el Foro Romano, unos restos arqueológicos que según algunas guías turísticas pertenecen a la época latina, pero que estamos seguros de que se trata simplemente de una obra que quedó a medio hacer. Hoy sólo se puedes ver allí los pilares de los edificios y la explanada que iba a funcionar como aparcamiento, que ha recibido el pomposo y equívoco nombre de Circo Massimo (no hay payasos, no hay leones en jaulas: no es un circo).

Mucho más interés tiene una de las estampas más reconocibles de Roma: el Coliseo. Para quien no conozca éste grandioso espacio, debemos decirle que se trata de uno de los primeros estadios de fútbol de los que se tienen memoria, ya que fue construido en el año 80 por Tito (el romano, no el yugoslavo). Su magnífica estructura le permitió llegar hasta los albores del siglo XXI, fue sede de la final del Mundial de fútbol de Italia 90, pero en 2000 fue destruido casi en su totalidad. Los responsables de este deleznable hecho fueron los tifossi de la selección nacional italiana, picados por la derrota por 0-3 ante el Vaticano, con hat trick del delantero Ratzinger.

Roma también posee numerosos lugares donde el turista puede descansar de su viaje, como por ejemplo, los jardines de la Villa Borghese o el cuarto de baño de la tienda de Giorgio Armani, pero recomendamos encarecidamente la Isla Tiberina. Como todo turista debe saber, no hay mejor sitio en una ciudad que las islas interiores de los ríos, o en su defecto de los lagos o estanques, ya que concentran lo mejor de la villa. Además, esta isla está justo enfrente de otro de los estados independientes que hay dentro de la ciudad de Roma: el Trastévere.

En el Trastévere, debido a su situación fiscal, es donde debemos acudir para saciar nuestro apetito tras la visita a la capital italiana. En esta zona deberemos comer las especialidades romanas (pizza y pasta) y trasteverinas (pasta y pizza). Como postre recomendamos el gelatti, especie de helado pero caliente y salado, fundamentalmente si el viaje se realiza en invierno.

La lectura ideal para acompañar nuestra estancia a Roma es Una novelita lumpen, de Roberto Bolaño. Es ésta una fantástica manera de aprender a escribir una obra ubicada en una ciudad, sin haber estado jamás en ella, ya que la Roma de Una novelita lumpen sólo es reconocible por el nombre de algunas calles. Como banda sonora hemos de acompañarnos de un cantante melódico italiano, lo sentimos por caer en el tópico. Entre ellos recomendamos encarecidamente cualquiera de los discos del Tonino Carotone, intérprete nacido en el barrio romano de Burgos.

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Roma (1)

9 enero 2010 at 18:07 (ciudades)

Dicen que todos los caminos llevan a Roma, pero desde que brotaron como setas las compañías de bajo coste, el principal camino que lleva a la capital romana es el aeropuerto de Ciampino. Es éste el aeródromo secundario de la ciudad italiana y un buen ejemplo de cómo llegar a una ciudad desde sus suburbios. Recomendamos que el turista no coja ninguno de los autobuses directos hasta la capital, ya que además de perder más dinero, se perderá un paseo por los arrabales romanos. Cogiendo un autobús de línea, que nos llevará por ciudades dormitorio sin nombre, llegaremos hasta la cabecera del metro. Es ésta una manera más auténtica de conocer Roma; el turista de bajo coste podrá disfrutar de una experiencia ajena a aquellos visitantes más pudientes. Además, la parada del metro siguiente a Anagnina es Cinecittá, el Hollywood mediterráneo.

El metro tiene además la ventaja de dejarnos en el centro mismo de la milenaria Roma: la estación de Termini. Junto a ella brotan millones (y no es una exageración) de pensiones, hoteles y albergues que buscan sacarle el dinero al turista y de paso ofrecerle alojamiento. Gracias a las reservas por Internet tendremos el primer choque con la cultura romana, provocado por el abismo que media entre las fotos consultadas en el ordenador y la realidad de nuestro alojamiento. De todas formas recomendamos esta zona por estar muy bien comunicada y por poder dormir, si hay suerte, en una pensión dirigida por una anciana manca o en un hostal propiedad de unos pakistaníes dentro de su propia casa.

Este fenómeno (el “dentro de”) es una de las características de la ciudad romana: dentro de cada habitante hay un emperador romano (especialmente si es taxista), dentro de cada pizzería hay (indefectiblemente) un turista y dentro de Roma hay un país entero. Este minúsculo estado está caracterizado por la vestimenta blanca de su mandatario (hecho que lo hermana con Arabia Saudí) y por confiar su defensa a gente tan pacífica y neutral como los suizos. La visita al Vaticano, así se llama este minipaís, es uno de los alicientes de Roma. Se trata del único estado en el que sólo hay una plaza, por lo que los visitantes se dirigen en manadas hacia ella, San Pedro es su nombre, y realizan la principal tradición del país vaticano: hacer colas. Se trata ésta de una experiencia única en la que recomendamos invertir dos horas como mínimo. El problema es que en ocasiones estas colas nos encaminan hacia lugares como la Basílica de San Pedro o la Capilla Sixtina, lugares de poca o nula relevancia para el turista.

Después de visitar este estado, podemos cruzar de nuevo la frontera (es obligatorio para ello llevar el pasaporte y el visado correspondiente) para volver a Italia. Podemos comenzar entonces un recorrido por los lugares más conocidos de Roma. El turista descubrirá con sorpresa que la mayoría de ellos están muy cercanos, pero en esta ciudad nada es casual y todo tiene su explicación. En realidad Roma fue fundada por Eneas, un vendedor de souvenirs griego alrededor de un conjunto de atracciones turísticas que atraían a los visitantes. Hoy podemos visitar la mayoría de ellas, el resto han sido llevadas a Las Vegas, y podemos comenzar por la fortaleza de Castel St. Angelo, impresionante desde fuera pero inexistente por dentro.

Al otro lado del río Tiber podemos dirigirnos hacia la Plaza Navona, pero antes de acceder a ella recomendamos dejar un mensaje pegado en la famosa estatura del Pasquino. En este monumento antiguamente los romanos pegaban sátiras contra sus mandatarios, pero hoy en día podemos encontrar útiles anuncios de compra y venta. Ya en la Plaza Navona nos toparemos con uno de los momentos más difíciles de nuestra estancia romana; en este lugar existen dos fuentes, por lo que el turista deberá seleccionar, tras arduas deliberaciones, en cuál se hará la foto correspondiente.

Como hemos señalado, varios de los monumentos más conocidos de Roma se encuentran a poca distancia entre sí, debido al eficaz plan del creador de este parque temático disfrazado de capital. El siguiente gran sitio que hemos de visitar, además de las cientos de iglesias que el turista podrá encontrar en cada calle, es el Panteón de Agripa. Es éste un templo en el que los antiguos romanos solucionaron la ausencia de luces de neón de manera sencilla: haciendo un agujero en el techo para que entrara la luz. El problema es que también entra el agua, por lo que el Panteón de Agripa se suele inundar en Otoño.

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Amor Playmobil

4 enero 2010 at 18:02 (poemas)

Alargo mi brazo inarticulado,

buscando tu rígido cuello

de poliestireno.

Tu mirada es un punto negro

pintado por un experto operario

de una fábrica alemana.

Mi cabello de quita y pon

se encrespa al observar

tu belleza de plástico y pintura.

Bajo tu falda imagino sonrisas

curvadas como la que en tu cara

te imprimió tu creador.

Te ofrezco todos mis accesorios,

cachivaches que trajeron los Reyes,

como ofrenda de mi amor Playmobil.

Pero dentro de tí sólo hay aire,

viento sin movimiento,

tras tu pecho de duro plástico.

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El Gordo de Michael

22 diciembre 2009 at 18:40 (actualidades)

Y digo yo que qué culpa tendrá el hombre de que un grupo de frikis, amantes de la cabalística más macabra, se encapricharan del 25609.

Que si eran fans de Michael Jackson habría miles de formas mejores que “honrar” su memoria comprando un número de lotería que coincide con la fecha de su muerte

Que si no eran fans habría miles de formas mejores de burlarse de él que encargar (no comprarlo, no, encargarlo) ese boleto.

Y digo yo que a lo mejor Jacko, desde el Más Allá, se vengó de tanto friki y de tanto resentido haciendo que al 25609 no le tocara ni una mísera pedrea. Para que aprendan. Para que la próxima vez busquen hacerse ricos con el día que su nieta hizo la primera comunión o en el que su perro fue castrado, porque ya puestos…

Fuente: http://www.larazon.es/noticia/3180-el-dia-en-que-murio-michael-jackson-uno-de-los-numeros-mas-buscados

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Alergia de ti

19 diciembre 2009 at 16:32 (microrrelatos)

Mientras la besaba y su lengua buscaba la humeda oquedad de aquella boca, comenzó a sentirse mal.

Quedaron en verse un par de días después y decidió ocultarle su indisposición y acuidir a la cita. Consideró que la fiebre no era excusa, y acabaron follando en el apartamento de ella, sus cuerpos ardiendo, el de él incluso después del orgasmo.

Comenzaron a salir y su salud continuó empeorando: eczemas, dolor de cabeza, vómitos, etc. Los médicos no conseguían aplacar sus males, que sólo encontraban medicina en el amor que iba creciendo en ella. Decidieron irse a vivir juntos y ella se convirtió en su enfermera más que su amante, su estado iba de mal en peor.

En su lecho de muerte él pidió un último deseo: casarse con ella. Un sacerdote acudió rápidamente y cuando comenzó a decir aquello de “os declaro marido y mujer”, él expiró cumpliendo lo de “hasta que la muerte os separe”.

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Buenos Aires (y 2)

16 diciembre 2009 at 20:01 (ciudades)

(Este post es la segunda parte del texto de esta entrada)

Accederemos a la calle Florida por la conocida Avenida Corrientes, pero no busque el 348, ya le anticipamos de que no existe: los americanos compraron el edificio y se puede visitar en Las Vegas. La calle Florida es una bulliciosa calle peatonal  que, a esa hora del mediodía, estará llena de argentinos (en su mayoría porteños). Buscaremos uno de los numerosos restaurantes que florecen por la zona y comeremos asado. Da igual que uno sea vegetariano, el turista comerá asado, el plato nacional argentino. Al finalizar el plato, regado por una cerveza Quilmes, pronunciaremos estas palabras: “estosiquescarneynoladeuropa”. Se trata de un complicado pero efectivo método que conseguirá que el restaurador nos haga una pequeña pero valiosa rebaja en el precio.

Plato de asado argentino

Plato de asado argentino

La modorra comenzará a instalarse entre los ojos del turista, por lo que nos encaminaremos hacia nuestro hotel, hostal, albergue, pensión, apartamento o casa de citas de la Avenida 9 de Julio para descansar. Antes de la breve pero reconfortante siesta nos haremos diecinueve fotos (ni una más ni una menos) con el famoso obelisco blanco de fondo.

Obelisco

Tras despertarnos de la breve pero reconfortante siesta tomaremos otro de los medios de transporte autóctonos de la ciudad de Buenos Aires: el subte. Se trata de algo parecido a lo que nosotros conocemos como metro, pero cubierto de madera y con lámparas de los años 30 (sic). Este curioso pero efectivo método de transporte nos llevará hacia nuestro siguiente destino en este día por Buenos Aires: el barrio de La Recoleta.

Subte

En esta zona admiraremos (con disimulo, eso sí) los grandes hoteles y mansiones del barrio y nos encaminaremos hacia Plaza Francia. En este lugar podemos tomar un mate, bebida típica argentina que se bebe con una bombilla (apagada, eso sí). Podemos realizar fotos (en este caso es optativo) a la flor metálica llamada Floralis Genérica o hacernos un vídeo subiendo las escaleras de la facultad de Derecho mientras tarareamos la canción de la película Rocky.

Facultad de Derecho

La tarde irá avanzando y la noche, a pesar de encontrarnos en una ciudad del Hemisferio Sur, amenazará con llegar. Por ello el turista deberá aligerar el paso para llegar hasta el El Ateneo. Es éste un precioso teatro en el que se representan todos los días una obra que dura trece horas. Se trata de una historia ubicada en una librería (representada con todo lujo de detalles en el escenario del teatro) y protagonizada por decenas de actores que hacen las veces de compradores y vendedores.

El Ateneo

Tras asistir a esta representación (con una hora es suficiente), podemos dirigirnos al último barrio de nuestra fugaz visita a la capital porteña: Palermo. La calle Jorge Luis Borges nos llevará hasta la plaza Julio Cortázar, corazón de esta antigua zona bohemia (hoy “chic”) de Buenos Aires. Agotados por nuestra larga jornada de caminata nos sentaremos en la terraza de uno de los restaurantes de las calles adyacentes y completaremos nuestra visita a la ciudad con una opípara cena. De nuevo deberemos comer asado y culminar la cena con las palabras ya mencionadas con anterioridad. Tras dejarle de propina la tarjeta de crédito al camarero, darle unas monedas o incluso billetes es una ordinariez, volveremos en colectivo a nuestro hotel, hostal, albergue, pensión, apartamento o casa de citas, para acabar allí nuestra visita a Buenos Aires.

"Solar" donde vivió Borges

Recomendamos acompañar este viaje con la lectura (previa si es posible) de La ciudad ausente (1992) de Ricardo Piglia y con la audición (simultánea si es posible) del disco Honestidad Brutal (1999) de Andrés Calamaro.

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“Yo no soy nadie”

14 diciembre 2009 at 19:40 (actualidades) ()

Yo no soy nadie.

Nadie.

No busquen implicaciones políticas, religiosas o mediáticas. Yo no soy nadie.

Para unos soy un enfermo mental. Para otros soy un esbirro de la izquierda. Para algunos (Facebook es el que hace milagros) hasta soy un mártir. Pero señores, yo no soy nadie.

Hacía frío y agarraba con saña aquel souvenir. Era el Duomo en miniatura. Lo compré unos minutos antes por apenas unos euros siguiendo un estímulo irracional que me surgió no sé de dónde. Sabía que tenía que comprarlo, pero aún no sabía para qué.

Él pasó a apenas unos metros de mí, con su cara de plástico y su corte de guardaespaldas. Yo lo había visto miles de veces por televisión, y al principio no lo reconocí (me lo imaginaba más alto). Pero los vítores de la gente y los autógrafos que firmaba pronto me mostraron que era él.

Yo en realidad no fui a la plaza para hacerle daño, pero señores, cuando lo vi a apenas unos metros supe lo que tenía que hacer. Y lo hice. Le lancé aquel souvenir que impactó en su mejilla y le hizo sangrar enseguida. Se arrodilló y ya no pude verlo más.

Tuve que hacerlo, no sé por qué ni para qué, pero tuve que hacerlo. Me arrepiento por mi padre y por los inconvenientes que mi acto le traerán. Pero por mí no temo nada, porque les repito: yo no soy nadie.

Tuve que hacerlo. Yo no soy nadie y él lo es todo.

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/internacional/Berlusconi/agredido/Milan/hombre/problemas/mentales/elpepuint/20091213elpepuint_3/Tes

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Buenos Aires (1)

11 diciembre 2009 at 13:14 (ciudades) ()

A pesar de las 13 horas de vuelo desde Europa, a pesar de ser una de las ciudades más grandes de Latinoamérica y a pesar de sus múltiples atractivos, el turista tiene que visitar Buenos Aires en un solo día. No es suficiente para ver toda la ciudad, pero en la elección está la clave del éxito de un viaje. Hemos de alojarnos en un hotel, hostal, albergue, pensión, apartamento o casa de citas cercano a esa columna vertebral de la ciudad que es la Avenida 9 de Julio. Tras despertarnos no muy temprano y desayunar abundante café acompañado por dulce de leche, comenzaremos la visita en la que abarcaremos 12 horas de vida porteña.

Buenos Aires desde el cielo

Avenida 9 de Julio desde el cielo

El primer barrio al que nos dirigiremos será San Telmo, uno de los más castizos de Buenos Aires, o eso al menos es lo que aseguran las guías de viaje. Pasearemos por esas calles cuadriculadas fingiendo ser auténticos porteños y para ello saludaremos a las lugareñas con una ligera inclinación del sombrero (accesorio esencial para nuestro viaje por la ciudad) y un mascullado “Chau”. Se puede comprar cualquier cosa que uno no necesite en el mercadillo de artesanía de la Plaza Dorrego, al aire libre, o en el mercado de San Telmo, situado en un edificio de principios del siglo XX. Finalizaremos nuestra visita a este castizo y desconchado barrio con una ofrenda (preferiblemente de lo que acabamos de comprar) a los muertos de la fiebre amarilla de 1871 en la iglesia de San Pedro Telmo.

Mercado de San Telmo

Mercado de San Telmo

Tras esta primera toma de contacto con la ciudad realizaremos un acto obligado para todo turista a pesar de su inocuidad: la visita al barrio de La Boca. Es éste un conjunto de calles típicas, el problema es que no son típicas de Buenos Aires, sino de una imaginada ciudad de colores. Afortunadamente, podremos escapar de la calle Caminito y sus casas como las de los western de Hollywood (no hay nada detrás de las fachadas) para visitar el estadio Alberto J. Armando. Este burocrático nombre esconde uno de los templos del fútbol mundial, sede del club Boca Juniors, más conocido como La Bombonera. Por unos pocos pesos el hincha-turista podrá recorrer el estadio y fotografiarse junto a la estatua de Maradona, uno de los dioses de la Trinidad argentina. Por un poco más de plata (término arcaizante usado en este país para referirse al dinero) uno podrá asistir a un partido en La Bombonera. Con la entrada se incluye la experiencia de ser atracado por los aficionados locales y debutar en la Primera División argentina (siempre que se hayan cumplido los once años de edad). De todas formas, y recordando que hemos de visitar la ciudad en un día, recomendamos la primera y más rápida de las opciones.

La Bombonera

La Bombonera

Tras la visita a La Boca, el turista tomará (nunca “cogerá”) un colectivo. Este medio de transporte, desconocido en Europa, es una variante de nuestros autobuses que funciona, únicamente, a base de monedas, no de billetes. Tras bajarnos en la Plaza de Mayo, visitaremos rápidamente, y sólo por compromiso, los sitios más emblemáticos de esta zona: la catedral (que en realidad no parece una catedral), la Casa Rosada (que no es rosa) y el Banco Central de Argentina (que no tiene dinero). Al pasar por la puerta la Casa Rosada, residencia del Presidente del país, saludaremos a su inquilino, que, debido a la inestabilidad política del país, estará en ese momento realizando la mudanza.

Plaza de Mayo

Plaza de Mayo

Después, y tras esquivar una manifestación por (                                        ) [rellénese el motivo de la concentración con la que el turista se ha topado], dejaremos el bullicio por unos momentos y accederemos a la zona conocida como Puerto Madero. Es éste un barrio de lujo donde antes había tan sólo almacenes y por el que se pasean en piragua (por el canal) o a pie (por las aceras) los ejecutivos que trabajan en la zona. En este momento (si el calculo estimado se cumple) el turista comenzará a sentir hambre, pero evitará entrar en uno de los carísimos restaurantes de la zona. Para saciar el apetito caminaremos de nuevo hacia el centro de la ciudad y tras pasar por la puerta de Luna Park, recinto para conciertos donde sólo puede tocar Andrés Calamaro, llegaremos a la calle Florida. (Continuará…)

Puerto Madero

Puerto Madero

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El hombre de arena

10 diciembre 2009 at 17:50 (microrrelatos) ()

– Cuando era niño, un día jugando en la playa, hice un hombre de arena que cobró vida. Me prometió riquezas, poder, la inmortalidad…

– ¿Y qué pasó?

-Se deshizo cuando subió la marea

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