Interruptus

26 enero 2010 at 14:03 (microrrelatos)

Me había arrastado hasta la fiesta de esta noche mi mujer, a pesar de que yo quería quedarme en casa viendo el partido de Liga. Era el cumpleaños de un compañero de su trabajo y le apetecía ir.

Al principio creí que lo podría pasar incluso bien. La comida estaba buena y el local que habían alquilado estaba  decorado con gusto y no hacía frío. Pero pronto descubrí que mi primera idea se iba a ir pronto por el caño de la tubería. Fue al ver llegar al marido de una amiga de mi mujer, con el que apenas había cruzado antes dos palabras, con dos quintos de cerveza en la mano, un trozo de tortilla en el otro y una sonrisa de oreja a oreja en el rostro.

Me saludó con un abrazo que consideré exagerado para la relación que nos unía, pero que pronto achaqué a las cervezas que ya se había trasegado. Conseguí librarme de él momentáneamente al ir a buscar algo de comida a una mesa, pero pronto me siguió hasta allí. Durante más de media hora estuvo soltándome necedades a gritos en mi oreja y lanzándome a la cara trozos de la comida que intentaba masticar mientras hablaba.

Soy un hombre tranquilo y aguanté su comportamiento con estoicismo, pero no pude soportarlo más cuando pisándome un pie me agarró del cuello y me dijo “amigooooo”, acentuando la “o” con el pestazo a alcohol (ya se había pasado al whisky) de su aliento. Fué ahí cuando no pude más, apreté el puño y lo lancé hacia su cara.

El primer problema fue que me arrepentí justo antes de impactar contra su nariz, quedándome como una estatua con el brazo estirado y el puño a pocos centímetros de su rostro. El segundo problema fue que acompañé el movimiento de mi mano con un fuerte grito, lo que hizo que todos los presentes en el local interrumpieran sus conversaciones y vieran mi patética actuación.

Ahora, camino del coche, voy unos metros por detrás de mi mujer, que lleva un humor de perros (mehasdejadoenridículodelantedetodosloscompañeros), y no sé si lo que me escuece más es el “perdón” que tuve que balbucear ante aquel idiota, o la sangre que empieza a brotar de mis nudillos.

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¿Y si fuera cierto?

18 enero 2010 at 22:05 (incredulidades)

Hoy me ha llegado al mail este correo electrónico que adjunto. Aparte del dudoso castellano en el que está escrito, la historia merecería ser verdad… de lo irreal que parece. Quizás nos estemos volviendo demasiado escépticos, y yo me pregunto ¿y si fuera cierto?

De M. N.

El más estimado,

Es para mí un placer ponernos en contacto con usted para una empresa que tengo la intención de establecer en su país, aunque no me he reunido con usted antes, pero creo que uno tiene al riesgo, confiar en alguien para tener éxito a veces en la vida.

Hay esta enorme cantidad de dinero Trece millones quinientos mil Dólares de los Estados Unidos). USD ($ 13.500,000,00) que he heredado de mi difunto padre, en un banco local aquí en Cote’d ivoire antes de que él fue asesinado por personas desconocidas.

Ahora me decidí a invertir este dinero en su país o en cualquier lugar suficientemente seguro fuera de África con fines de seguridad. Quiero que me ayudan a la transferencia de este fondo en su país con fines de inversión.Si puede ser de una ayuda a mi se complace en ofrecerle el 20% del total de fondos..

Gracias y que Dios los bendiga.

Con amor,
Srta. M. N.

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Roma (y 2)

16 enero 2010 at 12:16 (ciudades)

A pesar de los cientos de sitios interesantes de Roma, a principios del siglo XX se creó uno más, y ya que no podían competir en belleza, lo hicieron mediante el tamaño. Así nació el llamado Altar a la Patria, que recomendamos vislumbrar desde cierta distancia, porque desde cerca no podrá ser captado en su totalidad e intentarlo puede provocar tortícolis.

Muy cercano a este lugar está otro de los lugares básicos de toda visita a Roma: la Fontana di Trevi. Se trata de un jacuzzi gigante, inmortalizado en La Dolce Vitta, que invita a darse un chapuzón en él. El problema es que nunca estaremos a solas (a todas horas hay miles de actores haciendo de visitantes, pagados por el gobierno) y será imposible imitar a Marcello y Anita. Por ello tendremos que conformarnos con el ritual de turno, que consiste en coger una moneda, arrojar a la fuente a quien nos acompañe y seguir nuestra caminata con la moneda.

Podemos acabar nuestro paseo por las atracciones básicas de la ciudad con la Plaza de España. Es éste un lugar sin ningún atractivo, pero junto a la que hay una gran escalinata que tiene la peculiaridad de que no puede ser ni subida ni bajada, ya que sólo funciona como grada para que los turistas descansen y contemplen el espectáculo del bullicio romano.

Aún a tiro de piedra de todos estos monumentos tenemos otros lugares que el turista no debe de perderse por nada del mundo. Al sur del Altar de la Patria está el Foro Romano, unos restos arqueológicos que según algunas guías turísticas pertenecen a la época latina, pero que estamos seguros de que se trata simplemente de una obra que quedó a medio hacer. Hoy sólo se puedes ver allí los pilares de los edificios y la explanada que iba a funcionar como aparcamiento, que ha recibido el pomposo y equívoco nombre de Circo Massimo (no hay payasos, no hay leones en jaulas: no es un circo).

Mucho más interés tiene una de las estampas más reconocibles de Roma: el Coliseo. Para quien no conozca éste grandioso espacio, debemos decirle que se trata de uno de los primeros estadios de fútbol de los que se tienen memoria, ya que fue construido en el año 80 por Tito (el romano, no el yugoslavo). Su magnífica estructura le permitió llegar hasta los albores del siglo XXI, fue sede de la final del Mundial de fútbol de Italia 90, pero en 2000 fue destruido casi en su totalidad. Los responsables de este deleznable hecho fueron los tifossi de la selección nacional italiana, picados por la derrota por 0-3 ante el Vaticano, con hat trick del delantero Ratzinger.

Roma también posee numerosos lugares donde el turista puede descansar de su viaje, como por ejemplo, los jardines de la Villa Borghese o el cuarto de baño de la tienda de Giorgio Armani, pero recomendamos encarecidamente la Isla Tiberina. Como todo turista debe saber, no hay mejor sitio en una ciudad que las islas interiores de los ríos, o en su defecto de los lagos o estanques, ya que concentran lo mejor de la villa. Además, esta isla está justo enfrente de otro de los estados independientes que hay dentro de la ciudad de Roma: el Trastévere.

En el Trastévere, debido a su situación fiscal, es donde debemos acudir para saciar nuestro apetito tras la visita a la capital italiana. En esta zona deberemos comer las especialidades romanas (pizza y pasta) y trasteverinas (pasta y pizza). Como postre recomendamos el gelatti, especie de helado pero caliente y salado, fundamentalmente si el viaje se realiza en invierno.

La lectura ideal para acompañar nuestra estancia a Roma es Una novelita lumpen, de Roberto Bolaño. Es ésta una fantástica manera de aprender a escribir una obra ubicada en una ciudad, sin haber estado jamás en ella, ya que la Roma de Una novelita lumpen sólo es reconocible por el nombre de algunas calles. Como banda sonora hemos de acompañarnos de un cantante melódico italiano, lo sentimos por caer en el tópico. Entre ellos recomendamos encarecidamente cualquiera de los discos del Tonino Carotone, intérprete nacido en el barrio romano de Burgos.

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Roma (1)

9 enero 2010 at 18:07 (ciudades)

Dicen que todos los caminos llevan a Roma, pero desde que brotaron como setas las compañías de bajo coste, el principal camino que lleva a la capital romana es el aeropuerto de Ciampino. Es éste el aeródromo secundario de la ciudad italiana y un buen ejemplo de cómo llegar a una ciudad desde sus suburbios. Recomendamos que el turista no coja ninguno de los autobuses directos hasta la capital, ya que además de perder más dinero, se perderá un paseo por los arrabales romanos. Cogiendo un autobús de línea, que nos llevará por ciudades dormitorio sin nombre, llegaremos hasta la cabecera del metro. Es ésta una manera más auténtica de conocer Roma; el turista de bajo coste podrá disfrutar de una experiencia ajena a aquellos visitantes más pudientes. Además, la parada del metro siguiente a Anagnina es Cinecittá, el Hollywood mediterráneo.

El metro tiene además la ventaja de dejarnos en el centro mismo de la milenaria Roma: la estación de Termini. Junto a ella brotan millones (y no es una exageración) de pensiones, hoteles y albergues que buscan sacarle el dinero al turista y de paso ofrecerle alojamiento. Gracias a las reservas por Internet tendremos el primer choque con la cultura romana, provocado por el abismo que media entre las fotos consultadas en el ordenador y la realidad de nuestro alojamiento. De todas formas recomendamos esta zona por estar muy bien comunicada y por poder dormir, si hay suerte, en una pensión dirigida por una anciana manca o en un hostal propiedad de unos pakistaníes dentro de su propia casa.

Este fenómeno (el “dentro de”) es una de las características de la ciudad romana: dentro de cada habitante hay un emperador romano (especialmente si es taxista), dentro de cada pizzería hay (indefectiblemente) un turista y dentro de Roma hay un país entero. Este minúsculo estado está caracterizado por la vestimenta blanca de su mandatario (hecho que lo hermana con Arabia Saudí) y por confiar su defensa a gente tan pacífica y neutral como los suizos. La visita al Vaticano, así se llama este minipaís, es uno de los alicientes de Roma. Se trata del único estado en el que sólo hay una plaza, por lo que los visitantes se dirigen en manadas hacia ella, San Pedro es su nombre, y realizan la principal tradición del país vaticano: hacer colas. Se trata ésta de una experiencia única en la que recomendamos invertir dos horas como mínimo. El problema es que en ocasiones estas colas nos encaminan hacia lugares como la Basílica de San Pedro o la Capilla Sixtina, lugares de poca o nula relevancia para el turista.

Después de visitar este estado, podemos cruzar de nuevo la frontera (es obligatorio para ello llevar el pasaporte y el visado correspondiente) para volver a Italia. Podemos comenzar entonces un recorrido por los lugares más conocidos de Roma. El turista descubrirá con sorpresa que la mayoría de ellos están muy cercanos, pero en esta ciudad nada es casual y todo tiene su explicación. En realidad Roma fue fundada por Eneas, un vendedor de souvenirs griego alrededor de un conjunto de atracciones turísticas que atraían a los visitantes. Hoy podemos visitar la mayoría de ellas, el resto han sido llevadas a Las Vegas, y podemos comenzar por la fortaleza de Castel St. Angelo, impresionante desde fuera pero inexistente por dentro.

Al otro lado del río Tiber podemos dirigirnos hacia la Plaza Navona, pero antes de acceder a ella recomendamos dejar un mensaje pegado en la famosa estatura del Pasquino. En este monumento antiguamente los romanos pegaban sátiras contra sus mandatarios, pero hoy en día podemos encontrar útiles anuncios de compra y venta. Ya en la Plaza Navona nos toparemos con uno de los momentos más difíciles de nuestra estancia romana; en este lugar existen dos fuentes, por lo que el turista deberá seleccionar, tras arduas deliberaciones, en cuál se hará la foto correspondiente.

Como hemos señalado, varios de los monumentos más conocidos de Roma se encuentran a poca distancia entre sí, debido al eficaz plan del creador de este parque temático disfrazado de capital. El siguiente gran sitio que hemos de visitar, además de las cientos de iglesias que el turista podrá encontrar en cada calle, es el Panteón de Agripa. Es éste un templo en el que los antiguos romanos solucionaron la ausencia de luces de neón de manera sencilla: haciendo un agujero en el techo para que entrara la luz. El problema es que también entra el agua, por lo que el Panteón de Agripa se suele inundar en Otoño.

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Amor Playmobil

4 enero 2010 at 18:02 (poemas)

Alargo mi brazo inarticulado,

buscando tu rígido cuello

de poliestireno.

Tu mirada es un punto negro

pintado por un experto operario

de una fábrica alemana.

Mi cabello de quita y pon

se encrespa al observar

tu belleza de plástico y pintura.

Bajo tu falda imagino sonrisas

curvadas como la que en tu cara

te imprimió tu creador.

Te ofrezco todos mis accesorios,

cachivaches que trajeron los Reyes,

como ofrenda de mi amor Playmobil.

Pero dentro de tí sólo hay aire,

viento sin movimiento,

tras tu pecho de duro plástico.

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