El Gordo de Michael

22 diciembre 2009 at 18:40 (actualidades)

Y digo yo que qué culpa tendrá el hombre de que un grupo de frikis, amantes de la cabalística más macabra, se encapricharan del 25609.

Que si eran fans de Michael Jackson habría miles de formas mejores que “honrar” su memoria comprando un número de lotería que coincide con la fecha de su muerte

Que si no eran fans habría miles de formas mejores de burlarse de él que encargar (no comprarlo, no, encargarlo) ese boleto.

Y digo yo que a lo mejor Jacko, desde el Más Allá, se vengó de tanto friki y de tanto resentido haciendo que al 25609 no le tocara ni una mísera pedrea. Para que aprendan. Para que la próxima vez busquen hacerse ricos con el día que su nieta hizo la primera comunión o en el que su perro fue castrado, porque ya puestos…

Fuente: http://www.larazon.es/noticia/3180-el-dia-en-que-murio-michael-jackson-uno-de-los-numeros-mas-buscados

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Alergia de ti

19 diciembre 2009 at 16:32 (microrrelatos)

Mientras la besaba y su lengua buscaba la humeda oquedad de aquella boca, comenzó a sentirse mal.

Quedaron en verse un par de días después y decidió ocultarle su indisposición y acuidir a la cita. Consideró que la fiebre no era excusa, y acabaron follando en el apartamento de ella, sus cuerpos ardiendo, el de él incluso después del orgasmo.

Comenzaron a salir y su salud continuó empeorando: eczemas, dolor de cabeza, vómitos, etc. Los médicos no conseguían aplacar sus males, que sólo encontraban medicina en el amor que iba creciendo en ella. Decidieron irse a vivir juntos y ella se convirtió en su enfermera más que su amante, su estado iba de mal en peor.

En su lecho de muerte él pidió un último deseo: casarse con ella. Un sacerdote acudió rápidamente y cuando comenzó a decir aquello de “os declaro marido y mujer”, él expiró cumpliendo lo de “hasta que la muerte os separe”.

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Buenos Aires (y 2)

16 diciembre 2009 at 20:01 (ciudades)

(Este post es la segunda parte del texto de esta entrada)

Accederemos a la calle Florida por la conocida Avenida Corrientes, pero no busque el 348, ya le anticipamos de que no existe: los americanos compraron el edificio y se puede visitar en Las Vegas. La calle Florida es una bulliciosa calle peatonal  que, a esa hora del mediodía, estará llena de argentinos (en su mayoría porteños). Buscaremos uno de los numerosos restaurantes que florecen por la zona y comeremos asado. Da igual que uno sea vegetariano, el turista comerá asado, el plato nacional argentino. Al finalizar el plato, regado por una cerveza Quilmes, pronunciaremos estas palabras: “estosiquescarneynoladeuropa”. Se trata de un complicado pero efectivo método que conseguirá que el restaurador nos haga una pequeña pero valiosa rebaja en el precio.

Plato de asado argentino

Plato de asado argentino

La modorra comenzará a instalarse entre los ojos del turista, por lo que nos encaminaremos hacia nuestro hotel, hostal, albergue, pensión, apartamento o casa de citas de la Avenida 9 de Julio para descansar. Antes de la breve pero reconfortante siesta nos haremos diecinueve fotos (ni una más ni una menos) con el famoso obelisco blanco de fondo.

Obelisco

Tras despertarnos de la breve pero reconfortante siesta tomaremos otro de los medios de transporte autóctonos de la ciudad de Buenos Aires: el subte. Se trata de algo parecido a lo que nosotros conocemos como metro, pero cubierto de madera y con lámparas de los años 30 (sic). Este curioso pero efectivo método de transporte nos llevará hacia nuestro siguiente destino en este día por Buenos Aires: el barrio de La Recoleta.

Subte

En esta zona admiraremos (con disimulo, eso sí) los grandes hoteles y mansiones del barrio y nos encaminaremos hacia Plaza Francia. En este lugar podemos tomar un mate, bebida típica argentina que se bebe con una bombilla (apagada, eso sí). Podemos realizar fotos (en este caso es optativo) a la flor metálica llamada Floralis Genérica o hacernos un vídeo subiendo las escaleras de la facultad de Derecho mientras tarareamos la canción de la película Rocky.

Facultad de Derecho

La tarde irá avanzando y la noche, a pesar de encontrarnos en una ciudad del Hemisferio Sur, amenazará con llegar. Por ello el turista deberá aligerar el paso para llegar hasta el El Ateneo. Es éste un precioso teatro en el que se representan todos los días una obra que dura trece horas. Se trata de una historia ubicada en una librería (representada con todo lujo de detalles en el escenario del teatro) y protagonizada por decenas de actores que hacen las veces de compradores y vendedores.

El Ateneo

Tras asistir a esta representación (con una hora es suficiente), podemos dirigirnos al último barrio de nuestra fugaz visita a la capital porteña: Palermo. La calle Jorge Luis Borges nos llevará hasta la plaza Julio Cortázar, corazón de esta antigua zona bohemia (hoy “chic”) de Buenos Aires. Agotados por nuestra larga jornada de caminata nos sentaremos en la terraza de uno de los restaurantes de las calles adyacentes y completaremos nuestra visita a la ciudad con una opípara cena. De nuevo deberemos comer asado y culminar la cena con las palabras ya mencionadas con anterioridad. Tras dejarle de propina la tarjeta de crédito al camarero, darle unas monedas o incluso billetes es una ordinariez, volveremos en colectivo a nuestro hotel, hostal, albergue, pensión, apartamento o casa de citas, para acabar allí nuestra visita a Buenos Aires.

"Solar" donde vivió Borges

Recomendamos acompañar este viaje con la lectura (previa si es posible) de La ciudad ausente (1992) de Ricardo Piglia y con la audición (simultánea si es posible) del disco Honestidad Brutal (1999) de Andrés Calamaro.

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“Yo no soy nadie”

14 diciembre 2009 at 19:40 (actualidades) ()

Yo no soy nadie.

Nadie.

No busquen implicaciones políticas, religiosas o mediáticas. Yo no soy nadie.

Para unos soy un enfermo mental. Para otros soy un esbirro de la izquierda. Para algunos (Facebook es el que hace milagros) hasta soy un mártir. Pero señores, yo no soy nadie.

Hacía frío y agarraba con saña aquel souvenir. Era el Duomo en miniatura. Lo compré unos minutos antes por apenas unos euros siguiendo un estímulo irracional que me surgió no sé de dónde. Sabía que tenía que comprarlo, pero aún no sabía para qué.

Él pasó a apenas unos metros de mí, con su cara de plástico y su corte de guardaespaldas. Yo lo había visto miles de veces por televisión, y al principio no lo reconocí (me lo imaginaba más alto). Pero los vítores de la gente y los autógrafos que firmaba pronto me mostraron que era él.

Yo en realidad no fui a la plaza para hacerle daño, pero señores, cuando lo vi a apenas unos metros supe lo que tenía que hacer. Y lo hice. Le lancé aquel souvenir que impactó en su mejilla y le hizo sangrar enseguida. Se arrodilló y ya no pude verlo más.

Tuve que hacerlo, no sé por qué ni para qué, pero tuve que hacerlo. Me arrepiento por mi padre y por los inconvenientes que mi acto le traerán. Pero por mí no temo nada, porque les repito: yo no soy nadie.

Tuve que hacerlo. Yo no soy nadie y él lo es todo.

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/internacional/Berlusconi/agredido/Milan/hombre/problemas/mentales/elpepuint/20091213elpepuint_3/Tes

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Buenos Aires (1)

11 diciembre 2009 at 13:14 (ciudades) ()

A pesar de las 13 horas de vuelo desde Europa, a pesar de ser una de las ciudades más grandes de Latinoamérica y a pesar de sus múltiples atractivos, el turista tiene que visitar Buenos Aires en un solo día. No es suficiente para ver toda la ciudad, pero en la elección está la clave del éxito de un viaje. Hemos de alojarnos en un hotel, hostal, albergue, pensión, apartamento o casa de citas cercano a esa columna vertebral de la ciudad que es la Avenida 9 de Julio. Tras despertarnos no muy temprano y desayunar abundante café acompañado por dulce de leche, comenzaremos la visita en la que abarcaremos 12 horas de vida porteña.

Buenos Aires desde el cielo

Avenida 9 de Julio desde el cielo

El primer barrio al que nos dirigiremos será San Telmo, uno de los más castizos de Buenos Aires, o eso al menos es lo que aseguran las guías de viaje. Pasearemos por esas calles cuadriculadas fingiendo ser auténticos porteños y para ello saludaremos a las lugareñas con una ligera inclinación del sombrero (accesorio esencial para nuestro viaje por la ciudad) y un mascullado “Chau”. Se puede comprar cualquier cosa que uno no necesite en el mercadillo de artesanía de la Plaza Dorrego, al aire libre, o en el mercado de San Telmo, situado en un edificio de principios del siglo XX. Finalizaremos nuestra visita a este castizo y desconchado barrio con una ofrenda (preferiblemente de lo que acabamos de comprar) a los muertos de la fiebre amarilla de 1871 en la iglesia de San Pedro Telmo.

Mercado de San Telmo

Mercado de San Telmo

Tras esta primera toma de contacto con la ciudad realizaremos un acto obligado para todo turista a pesar de su inocuidad: la visita al barrio de La Boca. Es éste un conjunto de calles típicas, el problema es que no son típicas de Buenos Aires, sino de una imaginada ciudad de colores. Afortunadamente, podremos escapar de la calle Caminito y sus casas como las de los western de Hollywood (no hay nada detrás de las fachadas) para visitar el estadio Alberto J. Armando. Este burocrático nombre esconde uno de los templos del fútbol mundial, sede del club Boca Juniors, más conocido como La Bombonera. Por unos pocos pesos el hincha-turista podrá recorrer el estadio y fotografiarse junto a la estatua de Maradona, uno de los dioses de la Trinidad argentina. Por un poco más de plata (término arcaizante usado en este país para referirse al dinero) uno podrá asistir a un partido en La Bombonera. Con la entrada se incluye la experiencia de ser atracado por los aficionados locales y debutar en la Primera División argentina (siempre que se hayan cumplido los once años de edad). De todas formas, y recordando que hemos de visitar la ciudad en un día, recomendamos la primera y más rápida de las opciones.

La Bombonera

La Bombonera

Tras la visita a La Boca, el turista tomará (nunca “cogerá”) un colectivo. Este medio de transporte, desconocido en Europa, es una variante de nuestros autobuses que funciona, únicamente, a base de monedas, no de billetes. Tras bajarnos en la Plaza de Mayo, visitaremos rápidamente, y sólo por compromiso, los sitios más emblemáticos de esta zona: la catedral (que en realidad no parece una catedral), la Casa Rosada (que no es rosa) y el Banco Central de Argentina (que no tiene dinero). Al pasar por la puerta la Casa Rosada, residencia del Presidente del país, saludaremos a su inquilino, que, debido a la inestabilidad política del país, estará en ese momento realizando la mudanza.

Plaza de Mayo

Plaza de Mayo

Después, y tras esquivar una manifestación por (                                        ) [rellénese el motivo de la concentración con la que el turista se ha topado], dejaremos el bullicio por unos momentos y accederemos a la zona conocida como Puerto Madero. Es éste un barrio de lujo donde antes había tan sólo almacenes y por el que se pasean en piragua (por el canal) o a pie (por las aceras) los ejecutivos que trabajan en la zona. En este momento (si el calculo estimado se cumple) el turista comenzará a sentir hambre, pero evitará entrar en uno de los carísimos restaurantes de la zona. Para saciar el apetito caminaremos de nuevo hacia el centro de la ciudad y tras pasar por la puerta de Luna Park, recinto para conciertos donde sólo puede tocar Andrés Calamaro, llegaremos a la calle Florida. (Continuará…)

Puerto Madero

Puerto Madero

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El hombre de arena

10 diciembre 2009 at 17:50 (microrrelatos) ()

– Cuando era niño, un día jugando en la playa, hice un hombre de arena que cobró vida. Me prometió riquezas, poder, la inmortalidad…

– ¿Y qué pasó?

-Se deshizo cuando subió la marea

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